6 Octubre, 2016 porFesei in Noticias

Visita a la Embajada de España en Túnez

El Excmo. Sr. D. Juan López-Dóriga Pérez, Embajador de España en Túnez, y el Sr. D. Alberto Ucelay Urech, Ministro Consejero de la Embajada, recibieron a los alumnos de la Vll Promoción.

Tras la bienvenida el Sr. D. Alberto Ucelay Urech impartió una conferencia sobre la Embajada de España en Túnez y las relaciones hispanotunecinas. Se destacan a continuación los puntos más importantes de la conferencia:

 

La Embajada de España en Túnez y las relaciones hispanotunecinas se enmarcan en la primera red diplomática de un estado moderno: la de Fernando el Católico en el Mediterráneo que, entre otras cosas, se proyectaba sobre Túnez. A los reyes de España siempre les preocupó la piratería, así como la posibilidad de proyectarse hacia el norte de África en sus redes comerciales. España fue la primera, junto con las repúblicas italianas, en poner en marcha una serie de embajadas y consulados a lo largo del Mediterráneo, cuyos protagonistas actuaban casi como virreyes coloniales puesto que tenían facultades jurisdiccionales y administraban justicia a los súbditos, iban mucho más allá de la función comercial y se convertían en pequeños virreyes. Eso también ocurrió en Túnez: los Cónsules de las potencias cristianas tenían relaciones con el Imperio Otomano, que era la que ostentaba la soberanía oficial en Túnez. Todas las oficinas consulares se encontraban en La Medina, pero con la independencia en 1956 se pasa a la era de las Embajadas. La Embajada actual se creó en esa época y, desde entonces, se han sucedido 17 Embajadores.

“Se dice que estamos ahora en un momento excepcional, y eso es algo que, seguro que se habrán llevado de estos días en Túnez, los tunecinos dicen “excepcional”; estamos en una experiencia excepcional. ¿Por qué? Porque nuestros amigos tunecinos huyen de decir que ellos son un modelo. Son, desgraciadamente, la única experiencia que ha sobrevivido a las llamadas Primaveras Árabes, y toman conciencia de que es excepcional, y yo creo que España, como país pionero (siempre lo hemos sido) de las relaciones euromediterráneas, tenemos que hacernos eco de eso, y Europa también tiene que hacerse eco de eso, y apoyar esta experiencia, acompañarla […] y asegurar el éxito de esta experiencia”.

La Embajada de España en Túnez es de tamaño medio, tiene Consejerías de Defensa, Educación, de Interior, de Cooperación, el Instituto Cervantes y una Cancillería diplomática. Trabajan unas 60 personas con el Embajador al frente, y con consejeros o agregados al frente de cada una de esas secciones. Se reúnen en esta sala periódicamente con el Embajador para coordinar la agenda, las actividades que hay y el curso de las mismas.

Las relaciones políticas, que es de lo que básicamente se ocupa la Cancillería diplomática son buenas, pero de lo que se ocupa la Embajada es que sean más frecuentes, más intensas, e impulsar esa frecuencia de intercambios políticos.

Existe una densa red de tratados con Túnez en todos los ámbitos, y se siguen negociando. Ahora hay en torno a 8 o 9 acuerdos en negociación con Túnez, siendo destacable el acuerdo de buena vecindad, amistad y cooperación que se firmó hace ya más de 20 años y que los tunecinos lo recuerdan porque España fue el primer país que firmó con Túnez un acuerdo de vecindad, antes que Italia o Francia.

Pero esa dimensión bilateral España-Túnez no es la única, y en muchos aspectos ni siquiera es la principal. Hay una dimensión europea que es fundamental, la euromediterránea. España fue pionera en el Proceso de Barcelona, y fue su gran impulsora hasta la Unión por el Mediterráneo. Túnez siempre fue un país muy interesado en ese proceso euromediterráneo, y es un país que mira mucho a Europa, tanto o más que Marruecos.

Junto a esa dimensión bilateral y europea, hay otras que conforman una dimensión muy rica de las relaciones con España: la dimensión mediterránea, la dimensión árabe (Túnez preside actualmente la Liga Árabe hasta marzo, al ser presidencias anuales), por lo que ahora mismo Túnez es un interlocutor muy valioso, por ejemplo, ante la crisis de Libia. Pese a ser un país pequeño, y pese a ser percibido por sus socios en la Liga Árabe como una excepción (es el único régimen verdaderamente democrático de entre todos los miembros de la Liga), Túnez tiene un papel central y también es escuchado por sus socios árabes. Ha tenido también un papel destacado en la causa palestina, acogiendo a la OLP cuando salió de Beirut hasta que volvieron a Palestina (en Gaza), a principios de los 90. Es importante tener presente esa dimensión árabe de Túnez, que también es importante para España, sin olvidar la dimensión africana.

Por otro lado, a pesar de su situación geográfica en África, Túnez vive de espaldas al África subsahariana, están divididos por un Sahel en situación de desorden, inseguridad, y amenaza por parte del DAESH, Al Qaeda y sus filiales, que hace que los países del Norte de África miren más a Europa que al resto de África. Sin embargo, África está ahí. En las relaciones con nuestros vecinos tunecinos y, en general, los magrebíes, es una dimensión fundamental. La cooperación con Túnez es también cooperación con África.

Por último, existe el referente global. Debido a esa situación que tiene Túnez como democracia plenamente homologable, el país tiene una dimensión global.

“El país ha cobrado un significado muy especial; ahí está el premio Nobel, concedido el año pasado al Cuarteto. Túnez se ha convertido en un signo, una señal o un mensaje, se ha convertido en un país-mensaje a la comunidad internacional, que dice que es posible una democracia moderna en un país árabe con todas sus complejidades, ¡Como si no tuviera complejidades en otros países occidentales, de América Latina o en Asia! […] Si decimos que es complicado en un país árabe parece que ya está todo hecho en otros países occidentales, de América Latina o en Asia en cuanto a derechos humanos, gobernabilidad económica y tantas otras cosas, y eso hay que tenerlo presente”.

Ese horizonte global de Túnez también interesa a España. Túnez quiere presentarse al Consejo de Seguridad dentro de unos años, quiere volver a asumir ese papel global que de vez en cuando le ha correspondido, y esta vez lo va a hacer con un perfil muy peculiar.