Con algo más de 11 millones de habitantes, la economía tunecina no representa por su tamaño, una de las principales economías africanas. No obstante, el país tiene un Índice de Desarrollo Humano más elevado que la media en África, y ocupa la primera posición en el ránking africano de bienestar de la población.
Entre sus características destaca el fuerte peso que tiene el sector exportador. Mención aparte merece el turismo, uno de los motores de la economía, que se encuentra en proceso de recuperación a medida que mejora la seguridad en el país.
Volviendo al sector exportador tunecino, el país se quiere destacar como un centro logístico que une Europa y África. En este sentido, las conexiones cada vez más intensas con el África subsahariana, permiten a Túnez aumentar su capacidad comercial, en especial con los países francófonos. Con respecto a la estructura de las exportaciones, destaca la industria de componentes de vehículos y aeronáutica, ocupando el país posiciones de liderazgo en el contexto africano. Destaca también la producción de fosfatos, en menor medida la de hidrocarburos, o la de dátiles y de aceite de oliva, en las que Túnez es uno de los principales exportadores mundiales. La firma de acuerdos comerciales con la UE, los países árabes, Turquía, y la pertenencia del país a la OCDE, son engranajes claves para permitir a Túnez acceder a los mercados mundiales y concretar sus objetivos de integración regional.
Otra de las ventajas que ofrece Túnez, es el nivel de formación de la población, con una tasa de escolarización del 99%. La formación de su mano de obra, permite a Túnez ocupar posiciones preeminentes a nivel mundial en ciencias o ingenierías, y también, desarrollar otro vector de crecimiento con mucho futuro, como es el tratamiento de los datos.
A pesar de las potencialidades de desarrollo de su economía, Túnez afronta desafíos. Uno de los más importantes es el de la seguridad, aunque presenta una tendencia positiva desde 2016. La gestión de la deuda es otro de los desafíos en los que Túnez debe prestar una especial atención, ya que supone un factor restrictivo para la economía, y ejerce una influencia negativa en otras variables económicas. El alto desempleo que sufre la población, es una variable determinante que debe ser combatida con un desarrollo más dinámico de la economía. En este sentido, la reducción de las trabas burocráticas y de la carga impositiva, así como el establecimiento de un marco legal favorable a los negocios, supondrían un paso importante para el estímulo económico y la reducción del desempleo. De esta manera, el descontento social que afecta una parte importante de la población se reduciría. La nueva legislación adoptada el 1/4/2017, precisamente va encaminada en esta dirección reformadora.
La consolidación de la estabilidad política del país, dentro del marco democrático surgido tras la revolución del 2011, no sólo reduce la incertidumbre política, sino que posicionan a Túnez como un país referente en el Norte de África. La concesión del Premio Nobel al Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez en 2015, ilustra la capacidad del país norteafricano para buscar el acuerdo partiendo de posiciones ideológicas enfrentadas. Es por tanto esencial, que Túnez una vez concluido el aspecto político de la etapa pos-Ben Alí, concluya las reformas económicas necesarias también, con el objetivo de superar los desafíos anteriormente mencionados.
De cara al futuro, la estrategia tunecina de desarrollo económico deberá centrarse en la mejora de la gobernanza y la lucha anti corrupción, el desarrollo de su potencial humano, y la transición hacia una economía sostenible con el medio ambiente, en la que se consolide su posición como centro económico-logístico. Para lograrlo, la colaboración entre el sector público y privado es clave, de cara a modernizar el sector financiero, promocionar el sector de las energías renovables, la implementación de proyectos público-privados, la estimulación de la competencia y la libertad de precios, y finalmente, la instauración de un marco legal favorable a la inversión.
 
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Publicado el 2 enero, 2018 a las 16:56 por Fesei

LA ECONOMÍA DE TÚNEZ

Con algo más de 11 millones de habitantes, la economía tunecina no representa por su tamaño, una de las principales economías africanas. No obstante, el país tiene un Índice de Desarrollo Humano más elevado que la media en África, y ocupa la primera posición en el ránking africano de bienestar de la población.
Entre sus características destaca el fuerte peso que tiene el sector exportador. Mención aparte merece el turismo, uno de los motores de la economía, que se encuentra en proceso de recuperación a medida que mejora la seguridad en el país.
Volviendo al sector exportador tunecino, el país se quiere destacar como un centro logístico que une Europa y África. En este sentido, las conexiones cada vez más intensas con el África subsahariana, permiten a Túnez aumentar su capacidad comercial, en especial con los países francófonos. Con respecto a la estructura de las exportaciones, destaca la industria de componentes de vehículos y aeronáutica, ocupando el país posiciones de liderazgo en el contexto africano. Destaca también la producción de fosfatos, en menor medida la de hidrocarburos, o la de dátiles y de aceite de oliva, en las que Túnez es uno de los principales exportadores mundiales. La firma de acuerdos comerciales con la UE, los países árabes, Turquía, y la pertenencia del país a la OCDE, son engranajes claves para permitir a Túnez acceder a los mercados mundiales y concretar sus objetivos de integración regional.
Otra de las ventajas que ofrece Túnez, es el nivel de formación de la población, con una tasa de escolarización del 99%. La formación de su mano de obra, permite a Túnez ocupar posiciones preeminentes a nivel mundial en ciencias o ingenierías, y también, desarrollar otro vector de crecimiento con mucho futuro, como es el tratamiento de los datos.
A pesar de las potencialidades de desarrollo de su economía, Túnez afronta desafíos. Uno de los más importantes es el de la seguridad, aunque presenta una tendencia positiva desde 2016. La gestión de la deuda es otro de los desafíos en los que Túnez debe prestar una especial atención, ya que supone un factor restrictivo para la economía, y ejerce una influencia negativa en otras variables económicas. El alto desempleo que sufre la población, es una variable determinante que debe ser combatida con un desarrollo más dinámico de la economía. En este sentido, la reducción de las trabas burocráticas y de la carga impositiva, así como el establecimiento de un marco legal favorable a los negocios, supondrían un paso importante para el estímulo económico y la reducción del desempleo. De esta manera, el descontento social que afecta una parte importante de la población se reduciría. La nueva legislación adoptada el 1/4/2017, precisamente va encaminada en esta dirección reformadora.
La consolidación de la estabilidad política del país, dentro del marco democrático surgido tras la revolución del 2011, no sólo reduce la incertidumbre política, sino que posicionan a Túnez como un país referente en el Norte de África. La concesión del Premio Nobel al Cuarteto de Diálogo Nacional de Túnez en 2015, ilustra la capacidad del país norteafricano para buscar el acuerdo partiendo de posiciones ideológicas enfrentadas. Es por tanto esencial, que Túnez una vez concluido el aspecto político de la etapa pos-Ben Alí, concluya las reformas económicas necesarias también, con el objetivo de superar los desafíos anteriormente mencionados.
De cara al futuro, la estrategia tunecina de desarrollo económico deberá centrarse en la mejora de la gobernanza y la lucha anti corrupción, el desarrollo de su potencial humano, y la transición hacia una economía sostenible con el medio ambiente, en la que se consolide su posición como centro económico-logístico. Para lograrlo, la colaboración entre el sector público y privado es clave, de cara a modernizar el sector financiero, promocionar el sector de las energías renovables, la implementación de proyectos público-privados, la estimulación de la competencia y la libertad de precios, y finalmente, la instauración de un marco legal favorable a la inversión.