Encuentros con Diplomáticos

Alto Seminario de Embajadoras “Diplomacia Femenina. Una voz necesaria: Logros y Retos”
Fundación de Estudios Estratégicos e Internacionales (FESEI)
Madrid, 6 de julio de 2022.

VOCATIVOS

▪ Excmo. Sr. D. José María Álvarez de Eulate, Presidente de la Fundación FESEI;
▪ Excmo Sr. Miguel Álvarez de Eulate y Moreno, Director de la Fundación FESEI;
▪ Excmas. Embajadoras de Túnez, Finlandia, Senegal, y Tailandia ante el Reino de
España; y
▪ Estimados alumnos de la Fundación e invitados que nos siguen por vía telemática.

Buenos días,

En primer lugar, agradecer a la Fundación de Estudios Estratégicos e Internacionales (FESEI), por la invitación a participar en este Alto Seminario de Embajadoras que tiene como tema: “Diplomacia Femenina. Una voz necesaria: Logros y Retos” Seminario que, reúne a este grupo de mujeres y colegas Embajadoras, para ahondar en este tema tan importante de la Diplomacia femenina y lograr desde nuestro entorno, promover la participación equitativa de las mujeres en la toma de decisiones, desde el hogar hasta la comunidad, a los parlamentos nacionales, en Gabinetes de Gobierno, en procesos de paz y en foros mundiales. Y a eso me quiero referir, para aportar a la discusión, al papel de las diplomáticas mujeres en negociaciones multilaterales.

CONTEXTO

A lo largo de la historia de mi país, Guatemala, ninguna mujer ha ocupado el cargo de Presidente, solamente 2 mujeres han ocupado el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores (períodos 1994- 1995 y 2017-2020) y la representación de mujeres en puestos de toma de decisiones dentro de la Cancillería, incluyendo en el exterior como Embajadoras, ha sido baja (de 45 Embajadas y Misiones Permanentes ante Organismos Internacionales en la actualidad únicamente 9 (1) 1 Canadá, Costa Rica, Perú, Colombia, Ecuador, Israel, España, Misión Permanente ante la OEA, Misión Permanente
ONU en Ginebra. son encabezadas por mujeres). El número de mujeres es un poco más alto en cargos de Cónsules Generales (de 38 Consulados Generales en América del Norte, únicamente 9 mujeres son Cónsules Generales). En ese contexto, en mi país, potenciar nuestra presencia en campos dominados por hombres, como lo es la diplomacia, ha sido una constante.

La desigualdad no se limita al acceso a la carrera, sino que también una vez dentro se sigue produciendo, de modo que los hombres suelen ocupar en mucha mayor medida puestos y destinos mejores, mientras que el avance profesional de las mujeres no sigue el mismo ritmo, ya que a medida que se asciende disminuye la proporción de mujeres, evidenciando un claro fenómeno de segregación vertical: la distribución entre hombres y mujeres se va tornando mucho más favorable a los primeros. Y ello trae consigo otras discriminaciones asociadas, como la existencia de una brecha salarial.

EXPERIENCIA PERSONAL

Cuando inicie mi carrera, después de haber sido nombrada en la Misión Permanente de Guatemala ante las Naciones Unidas en Nueva York, en el año 2000, me fue asignada la Comisión
de Desarme y Seguridad Internacional (Primera Comisión) y recuerdo haber entrado a la Sala 4 de la Sede de las Naciones Unidas y confirmar que estaba repleta de hombres. Había en ese entonces muy pocas mujeres siguiendo los temas de desarme, recuerdo muy bien porque se nos podía contar con la palma de la mano. Dentro de los grupos de negociación, en mi caso, en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) ocurría exactamente lo mismo.

Afortunadamente, el número de mujeres empezó a aumentar a través de los años y, por supuesto, me honra haber sido parte de esa transformación. En mi paso por la Misión Permanente de Guatemala ante las Naciones en Nueva York, que dicho sea de paso siempre ha estado encabezada por un hombre, en ese período contaba en su momento con una delegación compuesta en su mayoría por mujeres; este hecho indudablemente me ofreció a mí y a mis colegas oportunidades para avanzar la igualdad de género y consolidar la participación de mujeres en importantes negociaciones de temas multilaterales, que tradicionalmente estaban dominados por hombres.

Me siento muy orgullosa de haber participado, representando a mi país, en momentos muy importantes en la agenda global – por ejemplo, en temas de Desarme: el proceso de negociación, adopción, firma y ratificación de importantes instrumentos jurídicamente vinculantes como la Convención sobre Municiones en Racimo (CMR), el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) y el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN). Particularmente del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, por su complejidad, porque pese a la resistencia de los Estados poseedores de Armas Nucleares y de los países miembros de la OTAN, pudimos sobrepasar los retos durante las negociaciones del Tratado y adoptarlo en julio de 2017 en Nueva York. Además, las negociaciones fueron presididas por una mujer – Embajadora Elayne Whyte de Costa Rica. Hace apenas unas semanas en Viena, se llevó a cabo exitosamente la Primera Reunión de Estados Parte. Las negociaciones dentro del Consejo de Seguridad de la ONU también fueron intensas. Así, como también en el tema de Operaciones de Mantenimiento de la Paz. Mi país es contribuyente de tropas. El derecho a la igualdad de trato y la no discriminación y la igualdad entre mujeres y hombres fue un reto constante.

Hemos sido parte de esa transformación: en las negociaciones, en los debates y en las iniciativas globales; demostrando que las mujeres sí podemos desempeñarnos notablemente, y sobre todo hacer aportaciones sustantivas, en ámbitos donde generalmente estuvimos ausentes por mucho tiempo, y así cambiar los prejuicios que nos pretenden limitar desde muy temprano en nuestras vidas y carreras profesionales.

Debo admitir que durante los procesos de negociación me tocó experimentar situaciones en las que percibí ciertos prejuicios de género que, a su vez, crearon retos adicionales para superar: soy mujer, soy de América Latina, de un país en vías de desarrollo, no poseedor de armas nucleares, y percibida por algunos como obstinada y hasta necia. Lograr que los colegas llegaran a respetar y a tomar en serio mi trabajo requirió de mucho esfuerzo y paciencia, y ciertamente, hacer de oídos sordos para que nada afectara la defensa de las posiciones de Guatemala y mis objetivos profesionales.

No obstante los avances, aún queda mucho camino por recorrer en este ámbito. El compromiso de todas las instituciones dedicadas a la seguridad nacional, encabezadas tradicionalmente por hombres (autoridades policiales y militares) es clave para continuar avanzando.

PERO REGRESANDO AL AMBITO MULTILATERAL

Hace apenas unos días, la Asamblea General de la ONU adopto por consenso una Resolución que establece el 24 de junio como el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia. En dicha resolución los países reconocen las importantes contribuciones que hacen las mujeres en este ámbito, así como la representación insuficiente de las mujeres en la diplomacia.

De esta manera nos vamos sumando a la corriente mundial que promueve y celebra el aporte particularmente beneficioso de las mujeres en el ámbito de las relaciones internacionales por la paz, la seguridad, la democracia y el desarrollo de nuestros pueblos.

Además de la necesaria ruptura de techos de cristal para alcanzar la igualdad efectiva a la que la mitad de la población del mundo tiene derecho después de siglos de desigualdades, lo cierto es que va también en el propio interés de nuestros países contar con una carrera diplomática con tantas diplomáticas como diplomáticos. Vamos hacia un mundo donde se multiplican los foros multilaterales para resolver los desafíos del proceso de globalización en el que estamos inmersos.

En un escenario donde cada vez son más los bienes públicos que necesitan de una efectiva gobernanza global, las negociaciones agresivas donde falta visión de comunidad y sobra testosterona son cada vez menos útiles tanto a nivel global como estatal. Todo esto es más cierto si cabe para el caso de Guatemala como Estado miembro de las Naciones Unidas, paradigma global del multilateralismo y de la forma de ejercer la diplomacia multilateral.

Las Naciones Unidas llevan varias décadas insistiendo en la necesidad de alcanzar la paridad de género en el mundo de la diplomacia para incrementar la eficiencia de la misma y generar mejores resultados en la política exterior de los Estados. Ya en la Conferencia de Beijing de 1995, uno de los puntos de la declaración final afirmaba la necesidad de alcanzar la paridad de género para redefinir las prioridades de la política exterior, colocar nuevos asuntos en la agenda internacional y abrir nuevas perspectivas, evitando formas de actuar centradas en las visiones de un solo género.

El propio Consejo de Seguridad de la ONU estableció, en su Resolución 1325 (2000) sobre Mujeres, Paz y Seguridad, que esta última solo se puede conseguir reconociendo el papel crucial desempeñado por las mujeres en cualquier proceso de paz.

Una mayor representación de mujeres en la diplomacia no solo contribuye a una mayor eficiencia en la resolución de problemas, sino que además arroja luz sobre asuntos previamente no tomados en consideración, y que acaban demostrándose fundamentales a la hora de abordar diferentes retos. Además, son numerosos los estudios que demuestran que las empresas con mayor porcentaje de mujeres en puestos de alta dirección tienen mejores resultados que aquellas con menores ratios. Lo mismo ocurre con la diplomacia.

PAPEL DE LAS MUJERES EN LOS ACUERDOS DE PAZ EN GUATEMALA

Después de 36 años de conflicto armado interno que vivió Guatemala, el 29 de diciembre de 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz firme y duradera entre la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG) y el Estado de Guatemala, acontecimiento que puso fin al conflicto armado en mi país, que sentaba las bases necesarias para el desarrollo y la construcción de un país más incluyente, con instituciones fuertes.

Los Acuerdos de Paz, incluyeron el compromiso de investigar las violaciones de los derechos humanos ocurridos en el marco del enfrentamiento interno para contribuir a fortalecer el proceso de reconciliación nacional, la democratización en el país, el reconocimiento de la identidad y derechos de los pueblos indígenas como base para la construcción de nación.

Durante el proceso de negociación, de los 22 negociadores, dos eran mujeres; una de las cuales fue signataria de los Acuerdos de Paz (de 11 signatarios en total) la Dra. Raquel Zelaya. Es el primer Acuerdo de Paz que abordó la violencia contra las mujeres en América Latina y que estableció mecanismos específicos para las mujeres indígenas (DEMI) y la institucionalidad para la paz.

Además, se había establecido en el proceso la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) – que era la Comisión de la Verdad y reconciliación en Guatemala. De los tres miembros de la Comisión, una era mujer, Otilia Lux de Cotí, experta en asuntos indígenas. Esto, fue muy importante en nuestro proceso interno, ya que las mujeres no sólo son las más seriamente afectadas por los conflictos, sino que tienen ideas y la capacidad de liderazgo para resolverlos. Como se ha registrado una y otra vez, cuando las mujeres están en la negociación, la paz dura más tiempo.

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala (CEH) encontró que la violencia sexual se extendió durante más de tres décadas de conflicto. La demanda de las mujeres de justicia transformadora culminó en el Primer Tribunal Internacional de Conciencia sobre la Violencia Sexual contra las Mujeres en Guatemala en 2011. En 2014, el caso de esclavitud sexual en Sepur Zarco llegó a su fase de judicialización a través de cortes nacionales, con la condena de dos ex militares por delitos de lesa humanidad, un hito en la historia nacional.

La participación de las mujeres en diferentes etapas del proceso de paz en Guatemala fue un factor determinante para se hiciera realidad la firma del Acuerdo de Paz y, su activa participación, ha sido clave para la implementación de los compromisos adquiridos.

Todos los avances y transformaciones en este terreno, sin embargo, no han conseguido cambiar el panorama de la diplomacia en clave de género, revelando la extraordinaria resistencia de los obstáculos que actúan impidiendo una verdadera igualdad entre los diplomáticos hombres y mujeres. Se impone explorar nuevas vías que permitan traspasar la superficie de lo formal y conseguir la igualdad real en este importante terreno profesional y cultural, para que la acción exterior sea un espacio de equidad capaz de aprovechar en beneficio de la sociedad el esfuerzo y el talento de las mujeres diplomáticas.

¿Qué consejos o recomendaciones daría a las nuevas generaciones de mujeres que quieren trabajar en la diplomacia?

Mis consejos son simples, mucha preparación y estudio, para comprender los temas a fondo, identificar dinámicas y las diferentes posiciones de los países relacionadas con los temas bajo responsabilidad; visibilidad, participando en foros, conferencias, programas de becas, eventos paralelos y académicos sobre estos temas; y buscar oportunidades de tutoría (mentoring), tener un mentor o mentora puede crear un valor adicional brindando estímulo para buscar oportunidades de crecimiento y áreas de mejora a través del aporte y transferencia de una gran cantidad de conocimiento.

Con la preparación adecuada, la visibilidad y la tutoría, será sin duda mucho más fácil desarrollarlas habilidades necesarias para un buen desempeño en los temas, para defender posiciones nacionales y además, realizar aportaciones sustantivas que sin duda contribuirán a promover laparticipación plena e igualitaria de las mujeres en los diferentes mecanismos multilaterales.

Para finalizar, considero que las respuestas de las naciones a los desafíos sin precedentes que afrontamos (el impacto de la pandemia, la guerra en Ucrania, el cambio climático, los desastres naturales, etc.), para poder adoptar diferentes enfoques. Donde nuestros Ministerios de Relaciones Exteriores no se limiten a repetir políticas anteriores, a buscar cooperación internacional o a pensar en las relaciones exteriores como siempre se ha hecho, sino aprovechar este momento para reconstruir sus sociedades de modo que sean más equitativas, más resilientes, más inclusivas. Y para ello la adopción de políticas exteriores con un acento feminista es clave. Las mujeres deben ser las arquitectas de nuevas estructuras.
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Mónica Bolaños Pérez
Embajadora de Guatemala en España