1. ANÁLISIS

Con la reciente inauguración del gasoducto “Turkstream”, que une la Rusia y Turquía, se abre una nueva vía de suministro de gas, con doble ramal; uno dirigido y con destino al mercado turco y el otro, con una extensión continental dirigida, bien hacia Bulgaria o Grecia, con la posibilidad de  una conducción marítima hacia Italia. Como país de tránsito, el gas hacia  Europa supone una fuente muy importante de ingresos y, por lo tanto, un fortalecimiento geoestratégico, traducido en  un mayor poder negociador y capacidad de influencia frente a la UE, incluyendo la región de los Balcanes.

No obstante, “Turkstream”, no es el único proyecto al que Turquía quiere aspirar. TANAP, (Trans-Anatolian Natural Gas Pipeline) que extrae el crudo de los campos productores de Azerbaiyán, es otro proyecto  muy avanzado  y  prácticamente se encuentra en su fase final. En este caso, atravesaría toda la península de Anatolia, cruzando Turquía de este a oeste,  alcanzando  la frontera griega. Esta previsto que las infraestructuras estén en pleno rendimiento hacia el año 2020, cuando pueda unirse al gasoducto Transadriático.

Finalmente, no hay que olvidar los recursos energéticos que atesora el Mediterráneo oriental. Concretamente las primeras catas, sondeos y perforaciones en Chipre y frente a las costas de Israel y Egipto. Sin embargo, en este caso las tensiones políticas pueden ser obstáculos importantes. En primer lugar, el conflicto chipriota, aún no resuelto, y unas relaciones turco-israelíes que no pasan por su mejor momento, están impidiendo el aprovechamiento de los recursos provenientes de esta región. En este sentido, Israel, Chipre y Grecia aspiran a exportar el gas de sus campos “off shore” a Europa, sin pasar por Turquía. No obstante, la nación turca, ofrece una infraestructura gasística eficiente ya desarrollada y una situación geoestrategica más favorable y competitiva en costes logísticos para las grandes compañías explotadoras.

El objetivo de estos proyectos es principalmente de rentabilidad económica, no obstante, podemos apreciar un gran calado geopolítico.

La política exterior turca, dirigida al fortalecimiento de su posición exterior, es cada vez más asertiva con respecto a sus intereses.

  1. CONCLUSIÓN

El sistema objeto de estudio es inestable, determinado por el aumento del poder económico, social, militar y político de Turquía en los últimos años, y por la falta de una resolución definitiva al conflicto chipriota. Existen variables de riesgo, como el aumento de la presencia turca en la región y las debilitadas relaciones que mantiene con la UE y que en su conjunto influyen en el objetivo turco de convertirse en un nexo energético para Europa.

De cara al futuro, el escenario en Chipre se orienta hacia la unificación política y simbólica de la isla, lo cual  beneficiará a Turquía a nivel diplomático, económico y de seguridad. No obstante, el creciente poder turco, hará que las relaciones con la UE sean complicadas, lo que podría impactar en el desarrollo final y en la rentabilidad de las infraestructuras y proyectos energéticos futuros.

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Publicado el 11 diciembre, 2018 a las 13:05 por Fesei

TURQUÍA, CENTRO GASÍSTICO INTERNACIONAL

  1. INTRODUCCIÓN

En relación con el creciente papel de Turquía como centro gasístico, se remite la siguiente valoración.

 

  1. ANÁLISIS

Con la reciente inauguración del gasoducto “Turkstream”, que une la Rusia y Turquía, se abre una nueva vía de suministro de gas, con doble ramal; uno dirigido y con destino al mercado turco y el otro, con una extensión continental dirigida, bien hacia Bulgaria o Grecia, con la posibilidad de  una conducción marítima hacia Italia. Como país de tránsito, el gas hacia  Europa supone una fuente muy importante de ingresos y, por lo tanto, un fortalecimiento geoestratégico, traducido en  un mayor poder negociador y capacidad de influencia frente a la UE, incluyendo la región de los Balcanes.

No obstante, “Turkstream”, no es el único proyecto al que Turquía quiere aspirar. TANAP, (Trans-Anatolian Natural Gas Pipeline) que extrae el crudo de los campos productores de Azerbaiyán, es otro proyecto  muy avanzado  y  prácticamente se encuentra en su fase final. En este caso, atravesaría toda la península de Anatolia, cruzando Turquía de este a oeste,  alcanzando  la frontera griega. Esta previsto que las infraestructuras estén en pleno rendimiento hacia el año 2020, cuando pueda unirse al gasoducto Transadriático.

Finalmente, no hay que olvidar los recursos energéticos que atesora el Mediterráneo oriental. Concretamente las primeras catas, sondeos y perforaciones en Chipre y frente a las costas de Israel y Egipto. Sin embargo, en este caso las tensiones políticas pueden ser obstáculos importantes. En primer lugar, el conflicto chipriota, aún no resuelto, y unas relaciones turco-israelíes que no pasan por su mejor momento, están impidiendo el aprovechamiento de los recursos provenientes de esta región. En este sentido, Israel, Chipre y Grecia aspiran a exportar el gas de sus campos “off shore” a Europa, sin pasar por Turquía. No obstante, la nación turca, ofrece una infraestructura gasística eficiente ya desarrollada y una situación geoestrategica más favorable y competitiva en costes logísticos para las grandes compañías explotadoras.

El objetivo de estos proyectos es principalmente de rentabilidad económica, no obstante, podemos apreciar un gran calado geopolítico.

La política exterior turca, dirigida al fortalecimiento de su posición exterior, es cada vez más asertiva con respecto a sus intereses.

  1. CONCLUSIÓN

El sistema objeto de estudio es inestable, determinado por el aumento del poder económico, social, militar y político de Turquía en los últimos años, y por la falta de una resolución definitiva al conflicto chipriota. Existen variables de riesgo, como el aumento de la presencia turca en la región y las debilitadas relaciones que mantiene con la UE y que en su conjunto influyen en el objetivo turco de convertirse en un nexo energético para Europa.

De cara al futuro, el escenario en Chipre se orienta hacia la unificación política y simbólica de la isla, lo cual  beneficiará a Turquía a nivel diplomático, económico y de seguridad. No obstante, el creciente poder turco, hará que las relaciones con la UE sean complicadas, lo que podría impactar en el desarrollo final y en la rentabilidad de las infraestructuras y proyectos energéticos futuros.

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